oFelia

nO pueden decir que yo no tengo abuela.
Es verdad que a mis abuelos maternos no los conocí; que a mis abuelos paternos, los perdí siendo tan niña, que no tuve tiempo de quererlos como se quiere a los abuelos de cuento.

Y a pesar de ello, tengo abuela, y mucha... aunque poco a poco, con cada suspiro, se nos escapa de las manos :(

Ofelia, es mi tía abuela, paterna. En nuestra familia (paterna), están prohibidas las abuelas. No existen, todas son mamá fulanita, mamá sutanita... abuelas, nunca. Y Ofelia, fue  una de ellas... pero cuando niña, a mí me daba cierto horror llamarlas mamá (si yo tenía mi propia madre), para mí Ofelia, sólo fue la Tía Ofelia, de nombre, pero ABUELA, en función. En función de la abuela de mis sueños.

Calculo que medía un poco menos de 1.50 m
Pequeña de estatura, pero gigante de corazón, de sabiduría, de Fe, de caritativa, de maternal, de cabronez y chingonería y de dinamismo imparable.

Tantas veces vi sus ojos, y extrañamente no puedo definir si eran azules o verdes.
Tenía una personalidad abrumadora, señora de clase alta y sencillez  infinita.

Viví muchas aventuras con ella, que llevo guardadas en el corazón.
Estuve acostumbrada a verla fuerte e inquebrantable... y apenas unos quince días atrás, me derrumbó verla tan frágil y tan indefensa, tendida en la cama de un hospital, víctima de un sorpresivo cáncer terminal.

No pude volver a verla, porque se prohibió las visitas...
Lleva 10 días sin comer ni beber.
Dejaron de aplicarle suero en los hilos de sus venas.
Está cansada y agresiva, dice que quiere irse a la casa  grande.

Hoy tuve la oportunidad de verla mientras dormía, pero no quise pasar por alto su voluntad.
Pareciera que ya no es ella en ese cuerpo decadente, ella no se da cuenta que sigue siendo la incansable guerrera a la que nos tiene acostumbrados, lleva agónicos días luchando contra la mismísima muerte y día a día ha ganado la batalla. No es el cuerpo, es su alma la que permanece.

Tarde o temprano pasará... y volverá a la libertad e independencia que tanto añora.
En la complicidad del hospital, me dedicó algunos gestos (no podía hablar), los llevo en el corazón y me siento acompañada.

Me queda el consuelo de que no siente dolor ni miedo, ella me lo  dijo. No tiene por qué, una señora tan bondadosa y llena de Dios, no puede tenerlo.

Ofelia, Dios te bendiga siempre.

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