mI vida

En días pasados venía renegando con mis amigos del trabajo de las injusticias de la vida... Y bum! se nos descompone el coche en carretera lloviente, amenazando con tragarnos la noche en medio de la nada. Luego, una señal: nos sonreía el arcoíris más claro que he visto en mi vida. Vi el inicio y fin (y ninguna olla con monedas de oro) (no me daba cuenta que el tesoro era otro). Sin cámara para guardar el momento y con el celular descargado. Renegué (no me daba cuenta que la mejor foto quedó archivada en mi corta memoria). Mi jefe, en la histeria quería traer al mismísimo Ejército Nacional a rescatarnos. Lo vi tan perdido que empecé a dar instrucciones de mecánica (yo, que mis más avanzados conocimientos se reducen a identificar switch, clutch, acelerador, freno, velocidades): que abra el cofre, que encienda, que apague, que pasen las botellas de agua (por suerte traíamos cientos). Y yo, metiendo mano... no trae ni gota de anticongelante... le dije que cuando veníamos había un charco debajo (no me peló y dijo que era por el aire acondicionado). Llené el tanquecillo del agua... y con la temperatura estabilizada llegamos a una gas. En la desolada madrugada, se detuvo un coche y sentí pavor. Me imaginé destazada en el anonimato. Otra señal: sólo un buen samaritano que ofrecía su ayuda. Resumiendo, más de 13 horas de espera/camino de Vallarta a Guadalajara. Y 2 días sin dormir. Me tocó regresar con mi amiga en una nisancita de media cabina. Intimidadas y aplastadas por el corpulento chofer (que por cierto resultó un pandedios). Empecé a temblar de frío... pero más de cansancio, de histeria hasta entonces apaciguada y apunto de desbordar. Mi amiga le pidió al chofer que subiera el vidrio... agregué: "más que nada porque me estoy despeinando". Reímos. Y sigue el cuento largo. Para finalizar el viaje, otra señal: la vida me consintió mandándome hasta la puerta de mi casa, a las 5:00 a.m. en un mustangblanconuevodepaqueteysinpatinadademosca. Wow, antesmuertaquesencilla.

hOy me quedé observando a unos niños jugar en una vecindad. Sucios. Sin zapatos. Con madres y padres en situaciones desconocidas... Niños que no saben nada de la vida, como si sirviera de algo. 

Son felices... Y me sentí contagiada. Reí con ellos.
La vida se encarga de gritármelo tanto como puede... y yo que con mi Dorimemoria lo olvido siempre.

Sí, la vida es maravillosa, quien la complica es uno mismo.

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Lo que no olvidan...