dEsnuda

Me escribió de madrugada, después de 24 horas de silencio: 
Hola mi amor… no tenía internet. Sólo quiero decirte que te extrañé mucho. Que duermas rico... Te quiero mucho. Espero que tú me quieras otras 100 rayas. Amor, dime algo… por fa… no puedo dormir. Te quiero, Cynthia (no me dijo Wen, supongo que eso, le da más seriedad) (jajaja). Me gustaría estar contigo (claro, para este punto, ya se me habían caído los calzones). Te extraño… Cri, cri, cri, cri. Tú, dos rayas menos. De todos modos te quierooooooo!!! Muaaaaaaaak!!

En un principio, cuando le soltaba los primeros tequieros… los acompañaba de un “jaja”, que le daba un toque de gracia a la insolencia cometida (no es mío) (ni yo de él) (por qué tendríamos que querernos) :(...  Respondí, cuando desperté: 

En un desesperado intento por recuperar dos rayas de tu amor platónico, podría ser capaz de prometer cosas de las que después me arrepentiría: como decirte que te mando una foto y hasta me tomo ¼ de michelada (un litro ni en sueños podría). Pero… como estoy usando mi sentido común (por primera vez en la vida) y no dije ni prometí nada; lo único que me queda es rogar y chantajear. Léase el ruego y chantaje a continuación: Déjamela en raya y media. Por fis, déjamela en una raya y te quiero más que ayer… ¿verdad que me quieres con todas las rayas a tope? Te quiero. Bueno, en realidad: TE QUIERO!!! Y yo, estoy rebasando todas las rayas del mundo. Ya hasta le di dos vueltas al medidor de niveles de amor. Nótese que ya soy capaz de decir tequieros sin reírme después.

Contestó: 
Jajajaja!!! Sí, ya vi mi amor. Te devuelvo tus dos rayitas. TE QUIERO…
Y hasta me lo grita. Luego, entramos en temas truculentos… y lo que nunca imaginé poder hacer frente a sus ojos que me leen: me desnudé (el alma) (y las lonjas). Le respondí, aludiendo a una payasada que me dijo cuando se sintió enfermo (que si lo besaba en todo el cuerpo, se aliviaba) (claro, le dije que necesitaría más que una enfermedad para que eso sucediera, pero que me abonara 3 besos, a ver cuándo acababa): Abóname un beso, ya llevo cuatro. ¿Crees que me alcance la vida para cubrirte?... yo ya lo estoy dudando, sobre todo, cuando dices que te pusiste mamey. Jajajajajaja. Qué vanidoso y presumido eres. Eso me dio mucha risa, jajajajajaja. Responde: oye, eso de mamey fue una payasada. Ya estoy engordando. Yo pregunté por ti, y me dijeron que engordaste un poquito.

Caí en coma. Y de nalgazo, otra vez. Jajaja. Estaba comiendo y hasta el hambre se me fue. Entonces, me empecé a quitar la ropa… para que él pudiera leerme el alma. Y de paso, calcular las toneladas de mi peso. Va el novelón que le escribí.
Siento que estoy como en el ojo del huracán de mi vida. No sé hacia dónde voy a salir disparada en un futuro, y lo digo muy en serio. Estoy en una etapa de cambios que no te la creerías, porque yo misma (que estoy en mi vida), no me la creo. Quienes te hayan dicho que engordé un poquito, te mintieron con todos los dientes. Porque, en realidad, engordé muchísimo. Pero yo, siempre he sido más cabrona que bonita. En serio. Me han pegado durísimo los 32; me ha costado darme cuenta que el tiempo ha pasado y que ya no soy la de mis 18, por ejemplo… que me alimentaba de porquerías y no engordaba un gramo. Todo cambió, cuando tuve a lOlO. Pero tampoco fue su culpa, porque después de que nació, volví a mi peso natural que eran 54 kilos… por un tiempo. Luego, la que se hizo pedazos fui yo solita. Creo que le voy a echar la culpa a la relación ultratormentosa con mi reciclado novio. Todo lo que sufrí, me lo comí. Y ahí las consecuencias. Luego… en un arranque de “ya estuvo bueno”, me pagué una millonada en un negocio que se llama “slim center”. Tienes que haberlo visto, porque anuncian flacas en la tele. Y te lo cumplen. A base de dietas rigurosas y menjurges (ni sé cómo se escribe eso), te regresan a la vara de nardo que eras. Fue una etapa en la que estaba decidida a cambiar de página y a nunca más volver con mi reciclado novio. Y mira, volví y también volví a engordar, creo… lo doble de lo que ya pesaba antes de slim. Pero, yo creo que soy de aprovechar olas. A veces, me sale bien y puedo surfear y hacer malabares. Otras, me he pegado unos revolcones que casi me he ahogado (acuérdate que no sé nadar). Ahora… nunca esperé decirte tan abiertamente esto, pero lo voy a hacer aunque después me muera de vergüenza. No quería volver a verte, hasta que bajara como una tonelada de peso… porque esperaba que cuando me vieras, te siguiera gustando como durante todos estos años (dices) (seguro fue porque dejaste de verme). Es una pena, que no te acuerdes de mí en la última vez que coincidimos en un lugar, porque yo pienso que ahorita voy más o menos en el rodado que estaba entonces… y también me acuerdo, que no te fijaste en eso, porque me viste a los ojos y me sonreíste como si siguiera pesando cuando tenía 24 años. Ahora, voy a ser mucho más específica para que puedas darte una idea exacta. Mido 1.63… aunque mi recicladonovio, siempre me ha dicho que miento porque parezco enana y que debo medir 1.50, porque lo que me ayudan son los zapatos. Cuando inicié a hablar contigo, pesaba unas 84 toneladas. O sea, era un elefantito. En un mes, bajé 10 kilos… porque hasta eso, en slim me enseñaron a bien comer. Ello, motivado por una cosa: volver a verte. Y no me acuerdo qué, algo fue lo que me frenó y entonces volví a las vagancias… algo de ti me hirió y frené el ritmo [ahora sí me acuerdo, me abandonó un tiempo cuando dijo que vio mis fotos y eso me mereció el capítulo de márgarafrancisca] [en realidad, lo sentí como abandono, pero siempre siguió ahí]. Al paso que llevaba, según mis cálculos el 20 de septiembre iba a estar más o menos aceptable para que me vieras; por eso el plazo, pero también porque te dije que ese día era importante para mí. Ahorita, sigo pesando 74 kilos… y creo que mi actitud está ayudando. La gente está notando que hay algo diferente en mí, me ve más alegre y algunos hasta notan que estoy bajando de peso. Estoy procurando portarme bien otra vez; así que tal vez en otro mes, logre 10 kilos menos. Y todavía me va a hacer falta otro mes para pesar los 54 de mi juventud… aunque yo me estacionaría cómodamente en los 60. Ahora te voy a decir por qué soy más cabrona que bonita. Justo ayer, mi reciclado novio (en lo que quiero pensar un ataque de celos) me dijo algo que me hizo reír y que lejos de herirme, me hace querer usar esa cabronería para taparle la boca y frente a sus pinches ojos miopes, parar el tráfico, para que note que otros aprecian lo que él no. Lo que me dijo, fue: piensas que eres el centro del universo; ya estás vieja y la verdad es que ya estás muy lejos de parar el tráfico como antes estabas acostumbrada. Nunca me he considerado bonita, pero sí cabrona… y definitivamente no soy la que era antes de tener a lOlO... y tampoco atraigo ya miradas de mocositos. Más bien ahora atraigo miradas de viejos asquerosos, como uno que me zorrea todas las mañanas y otro cabrón que en la calle me dio un agarrón. Lo que pienso, es que me estoy convirtiendo en una doña media atractiva… y créeme, lejos de agradarme, lo que me hace es querer esconderme en las lonjas; porque, aborrezco sentirme zorreada y acosada. Creo que mi reciclado novio se da el lujo de hacer papalotes de su vida porque ha aprendido a conocerme y sabe que yo sería incapaz (y lo declaro abiertamente) de cambiar de página y hacer vida con alguien más. Porque, hasta yo misma pienso que sería casi imposible que alguien aprendiera a conocer mis miedos, mis alegrías, mis dolores de cabeza, mis locuras, mi golpeada autoestima y que se atreva a quererme con todo eso. Te dije que soy de las que aprovecha olas. Me has motivado y alimentado las ilusiones como no te imaginas… pero, no estás obligado a cumplir ninguna función. Tal vez, si sigues queriéndome y acompañando las soledades… las cosas me sigan pareciendo tan fáciles y tan alcanzables. Pero si no, no te preocupes… ya me reconstruiste todo lo destruida que me sentía después del paso de mi recicladonovio; y eso, puedes ponerlo en tu cuarto de trofeos de boxeador, querido Rocky.
Bueno, ya acabé el novelón. ¿En cuántas rayas quedó tu amor platónico, Rocky? Por favor, di algo… antes de que me dé una chiripiorca. Esto fue demasiado para mí. Después de este novelón, me siento como encuerada.
Responde: 
Cynthia, todos estos años me has gustado y te he querido sin verte. No me importa cómo estés. Te quiero. Te quiero mucho. No quiero que te dé la chiripiorca.
Reí entre lágrimas contenidas y necias a desbordarse.

El amor platónico de mi vida, puede preciarse de que me quité la ropa frente a sus ojos y me vio el alma desnuda. Y lejos de correr, como pensé que haría, siento que la besó.

El 20 que no lo vi… estuvimos escribiéndonos. Cuando se acababa la noche, le escribí: ¿Ya te diste cuenta que hoy es 20?; respondió: Sí, ya sé… quiero ir por ti. Contesté: Bueno… sobreviví a otro 20; hoy aprendí algo importante; y también me doy cuenta de que estás muy lejos. Su respuesta, me abraza: No amor, no estoy lejos. Yo te quiero… pero me la pienso para verte, porque la verdad es que no sé de lo que soy capaz de hacer cuando lo haga. Tú siempre has sido mi amor. Y agrega minutos más tarde: Cynthia, te quiero mucho. Créeme que al ver un mensaje tuyo, me cambia el día. Todo el día estás en mi mente. Buenas noches. Muaaaaaaaaaaak!!! (2:24 a.m.).

Respondo a las 9:30 a.m.: Mi amor, buenos días. Si no te había contestado, es porque caí desmayada desde que leí tu mensaje. Te quiero. Responde: ¿Hoy vas a salir?; como casi me olía a invitación, huí: sí, voy a una reunión… hoy actualizo una foto antigua de amigos; por suerte, uno es maestro del fotoshop, ya que me haga unos favores en la foto, te la mando porque no quiero que dejes de quererme. Responde: Jajaja, eres hermosa… nunca podría dejar de quererte; mejor invítame. Me río: cállate, si te invito, capaz que no vas y me voy a enojar. Dice: no, mejor te invito una michelada. Respondo: ¿No puede ser un agua natural en las rocas?, no me gustan las micheladas; en serio, lo he intentado pero me saben espantosas. Se burla: ningún agua; entonces te tomas unos vampiritos; mira, yo sé que es lo que te puede gustar… hay muchos preparados que sé hacer. Me asusto: Nooooo, no los hagas tú, ¿qué tal que me quieres drogar? Quiero una bebida que alguien prepare frente a mis ojos; al fin va a ser lo mismo, ni voy a saber lo que le ponen, igual me drogas… si quieres. Se ríe: Jajajaja! Mira, yo pienso que no necesito drogarte para tenerte en mis brazos. En cuanto te vea, te voy a tener en mis brazos y nada me gustaría más que estuvieras bien consciente de ello, ¿cómo la ves? Huyo, como siempre: ¿Sabes?... creo que el lunes me voy a enfermar y no voy a poder salir a ningún lado.

Reímos, sabiendo que esas cosas no pasarán. 
:(

¿Cómo no voy a quererlo? Si me siento avergonzada y desnuda y lo que hace es pisar la vergüenza y besar mis sentimientos. ¿Cómo no voy a quererlo? Si él, sin hacer nada me da todo: risas, extraños, bienestar. Me encanta tenerlo como salvavidas en naufragio… aunque sea platónico y aunque en realidad no esté aquí. ¿Qué nos deparará el destino? No tengo ni idea, ni quiero saber. Y qué si el amor no dura para siempre… mi parasiempre, es hoy. Un segundo de amor vivido y sentido [aunque ni siquiera pueda verlo y tocarlo], sabe como a eternidad y gloria. Hoy, lo quiero con toda la fuerza que puedo sentir. ¿Mañana?, mañana tal vez ni yo exista.

He dicho!

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Lo que no olvidan...