iNjusto

Desperté, asimilando que algo había pasado.

Lo vi. 
Paseamos. Reímos. Nos abrazamos.
Después de cuatro años, volví a ver sus ojos.
Privilegio.

Cosa más mundana y real: ¿me das de tu coca?, me dijo. Jajajaja. Bebió. Me acarició la cara. Sonrió (hermosa sonrisa del mundo entero). 
Soy feliz, me dijo.

De pronto no entendí. 
¿Es feliz? Me quedé pensando mientras me vestía. ¿Qué quiso decir? 
Escalofrío.
Y luego, serenidad.

Lo entendí: es feliz.
Y luego, llanto. Más llanto.
Alegría. Serenidad.
Y también dolor.


Es injusto, le dije a Sinnombreaún. Casi nunca me acuerdo de lo que sueño. Lo soñé. Me dijo que era feliz. Me dio gusto, desperté feliz. Fue tan raro… ni siquiera me di cuenta que la realidad era una crueldad. Hasta el “¿qué quiso decir?” caí de guamazo: ya no está. 
Desde hace cuatro años. 

Quiso decir que es feliz. 
Qué injusto que, aunque sea en sueños, no podamos verlos y tocarlos siempre, todos los días… sobre todo, tan llenos de vida. Más dolor.

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