eL cuento Discobola

Quería que la historia fuera más a mi estilo: tipo telenovela :D
Pero creo que me faltó paciencia. Cuando me enteré del padecimiento de una amiga; me di cuenta de que yo no tenía nada para ayudarla, para darle. Sólo podía ofrecerle una amistad más cercana, mi apoyo y mi solidaridad. Espero que note que he estado ahí, bien pendiente y disponible :s

En realidad, quería aparecer con algo significativo. Entonces, puse a correr a mi ardilla voladora. Sé eficiente; le dije. Ya ves que sólo aguantamos minuto y medio en la elíptica. Toooooooooin. Jajaja. Y la verdad es que mi ardilla voladora (mas no corredora) no encontró nada; pero reflexionó sobre las cosas que de verdad tienen valor en esta vida.

Pensé, si pudiera; le regalaba tiempo. Y luego,  me reí de mí. ¿Tiempo? ¿Quién me asegura a mí que yo lo tengo? Un diagnóstico sólo es una etiqueta. ¿Qué tal que como a la mamá de Amelíe, me cae una súper roca del cielo y me hacen tortilla?; no existe garantía para nadie. Así que lo que importa aquí, es vivir los momentos. Todos. Magnificarlos. Hacerlos mágicos. Infinitos. Un día, los momentos son sólo [tiempo] presente y, si uno los deja, mañana son pasado... y nada. Pero si uno los vive de verdad, los atrapa y los hace mágicos (reír, disfrutar, vivir, llorar, sentir dolor... y luego levantarse), se hacen infinitos porque se mantienen en nuestro recuerdo y nos construyen; nos reconstruyen... o (si no sabemos manejarlos) nos destruyen (sólo por un tiempo, luego, seguimos. A veces no queda otra). Ay bueno, mucha filosofía barata. En resumen, hay que vivir. Siempre vivir. Al máximo.

Si pensaron que éste era el novelón; error. A penas empieza.

Capítulo 1: recordando

Primero recordé la aventura en la que mi amiga se plantaba en la puerta de un apuesto caballero (por aquello de la edad medieBal). Ese detalle significó muchísimo para mí. La misión era entregar un rompecabezas en mi nombre. Era la fotografía famosa de un beso: "Homenaje al Besucón", se leía al pie de foto.

Entonces, pensé que podía regalarle un rompecabezas también. Sería mi pintura favorita del universo entero: "El Beso", de Gustav Klimt; mi pintor favorito del mundo.


Pero... ¿un beso?
Qué tal la pintura "Las amigas", del mismo fulano. Pues salía piorcosa. La pintura, dicen los que creen saber, representa una relación lésbica. Adecaón. No. Aunque reconozco que mi amiga es guapísima; aunque la estimo... no es mi estilo.


A mí me van mejor los caballeros medievales, los luchadores y, definitivamente, amo a los animales. Jaja. Bueno, y qué tal "El árbol de la vida". Muy significativo; sin embargo, me parece la pintura más feíta del sujeto.


Así que dejé los rompecabezas por la paz.
Luego, encontré en internet una cadenita de plata con un dije: una esferita de cristal que contiene dientes de león. En la foto se veía bellísimo. Pensé como forzando un significado: el vidrio podría representar la fragilidad humana que nos constituye; todos somos susceptibles de rompernos (una enfermedad, una roca gigante cayendo del cielo, una pérdida irreparable...); los dientes de león, representan (para mí) la facilidad de volar y ser libres, de ser y hacer lo que queremos, de vivir la vida al máximo.

Pero, la verdad... es que eso es puro rollo. Simplemente lo encargué porque me pareció lindo.
Encontrado el detalle, pensé en la forma. Mi ardilla se dio vuelo. ¿Y qué tal que lo entregara un príncipe medieval montado en su caballo?, ¿pero será posible?... tal vez todavía quede algún príncipe medievo en el universo entero.

Pos allá voy a mandarle una piedra labrada con los jeroglíficos (la edad... no olvidemos la edad). Y ande. El príncipe, responde tantas letras como le es posible.


Capítulo 2: sólo es la vida

Príncipe: Es justo.
Yo: Es justo ¿qué?
Príncipe: Es justo que yo devuelva el mensaje, ¿no crees? Me imagino que pensaste que lo que le pasaba a tu amiga. No, Güen. Eso no es justo ni injusto... sólo es la vida. Me tocó leer un libro, de donde uno aprende cosas de personas que pasen por situaciones difíciles. Pero bueno, esa es otra historia.
Yo: Bueno, yo creo que he de ser muy cabezota. Siento que no aprendo.
Príncipe: Aprender qué o qué. Güen, no aprendemos a ser humanos.
Yo:  Valoro y agradezco lo que tengo en mi vida. Valoro mi vida misma. Agradezco que mi familia esté sana y completa; pero, en casos como estos, yo me siento inútil.
Príncipe: Jajaja. Pues imagínate yo, que paso de los 40 [no pos sí. Siempre hay personas más jodidas que uno. Jijiji, pero aun así, le hacen la lucha].
Yo: Es que yo no sé qué papel tengo qué hacer. 
Príncipe: Güen, pues sólo tienes que vivir.

Y luego, continúa filosofando [jajajaja]:

Príncipe: Como dijo el gran poeta y filósofo Bob Marley, cuando estaba enfermo: lo que ha de ser, será. Pero yo digo que siempre hay que tener fe. ¿No ves que la fe mueve montañas? Oye, ¿y ese look? Te peleaste con la vida, ¿verdad? Es eso. Lo sabíaaaaaaaaaaaaaaaaaa.


Yo:  Ya ves, me deprimo gacho. Jajaja.
Príncipe: Sí, ya vi. Mira, tu amiga debe poner de su parte. Estas cosas, se combaten mejor con una mente positiva.
Yo:  Pues por lo que veo, ella tiene mente positiva. La que no asimila, soy yo; así que voy a pedirle con urgencia el número de su terapeuta. Ha de ser bueno.
Príncipe: Ya sé. Me pasó igual con mi amigo El Birote, era un pan de Dios.
Yo:  Jajajajajajajajajajajajaja... [pensé, éste con sus chascarrillos, a ver qué filosofada saca del birote].
Príncipe: Y de la noche a la mañana, tómala. Un tumor en el cerebro y poca esperanza de vida. Y ¿sabes qué?, eso fue hace 10 años... y vive. Güen, es cuando dices que la suerte ni los milagros existen. Es la vida. Él es de la prepa, lo conoces...
Yo:  Qué pena. Pensé que ibas a payasear con lo de un birote. Y yo creo que el milagro y la suerte le ha durado 10 años, y los que le falten. La cuestión es... de a cuánto queremos el milagro.
Príncipe: Cada quien cree en lo que quiere creer. Yo sólo sé que Lagrimita va para diputado. Eso sí es una mamadaaaaaaaaaa. En fin, a veces quisiera seguirte leyendo; pero luego me acuerdo que soy asalariado, y se me olvida. Pero, oye: felicidades por tu reconocimiento. Te lo ha de haber hecho tu papá, ya ves que se pinta solo. Jajaja. Oye, se murió Chespirito ¿No le pegó a tu papá? ¿No era fan?
Yo resongona:  Jajaja. No. Pendejo. [Bueno, en realidad lo de "pendejo" sólo lo pensé]. Mi papá sólo ve Turbo y esos programas de autos y motos. Pero supongo que a ti sí, ya ves que son contemporáneos. Jajaja.
Príncipe vengador: Mucha risa. Bueno, ¿cuánto vas a pagar por la mensajería? La situación es crítica.
Yo:  Bueno, déjame pensarlo. ¿Aceptas transvales?
Príncipe: No tengo credencial de estudiante.
Yo:  No lo decía por eso; ya aplicas para la del INSEN, ¿no? Jajaja.

Y bueno, siguió la historia. Pensé que iba a pegar lo de los transvales; según él ya viaja en macrobús. La crisis. Jajaja.

Capítulo 3: larga espera

Un mes después, volví.
Yo:  Princeso, encontré lo que quiero regalarle a mi amiga. Lo encargué por internet... pero ha pasado mucho tiempo y no llega. Creo que ya no llegó, tendré que conseguirme otro detalle menos lento.
Príncipe: mujeres de poca fe. Sí llegará. Vive [y deja vivir, supuse] [jajaja].
Yo:  Qué viv e ni qué nada, mejor me voy a dormir. Anoche fui a ver a Chayanne. Jajaja, todavía canta Fiesta en América. Jajaja. Chayanne no es de mis favoritos. Ni de mis tiempos... pero cuanto te regalan un boleto; pues... yo digo que hay que ver de todo, para que a una no le cuenten. :D Buenas noches. Sigo pendiente de la mensajería; voy a investigar qué ruta de camión pasa donde vive... digo, para no sacarte de tu hábitat.
Príncipe burlón: Ay Güen, si te encanta ser parte del show. Pero bueno: que duerma usted bien, mañana es el mejor día de todos.
Yo, corregidora:  mañana no. Hoy. Mañana, no sabemos siquiera si estaremos. Y tu frase "¿cuánto me vas a pagar?", me dio mucha risa. Que no aceptes transvales, no significa un rotundo no, ¿verdad?
Príncipe bondadoso: Era la intención. Y no, Güen. Ya te la sabes. Aquí estoy, para cuando haga falta. Ya duérmete, ve a soñar con Chayanne, hija mía.
Yo soñadora: Jajajaja. ¡Por Dios! Nah. Buenas noches, Clark Kent.
Príncipe modesto: Clark Kent, región 6; pero bueno, dices. Jajajaja. Buenas.

 vs  

Capítulo 4: llegó la hora

Otro mes y medio después...
Yo:  Clark, llegó mi paquete. En realidad, en foto se veía más bonito de lo que es en realidad. Ya sabes, típico de las compras por internet. Creo que es un detallote. Discobola. En fin, espero que le guste; creo que el ambiente fiesta le encanta. Si no se lo pone, podría colgarlo del techo; así la discobola le ambientaría cuando haga falta. ¿Estás listo, mensajero?


Seguro no será un apuesto príncipe medieval... pero qué tal un Clark Kent región 6 montado en su Jeep naranja que le chupa los millones en gasolina :s

Capítulo 5: la entrega

El cabrón príncipe medieval no respondió mi mensaje. Casi dos semanas de espera, y nada. Yo, por si acaso, estuve cargando el paquete en mi bolsa. Estuve a punto de decirle a mi recicladonovio que si lo entregaba. Pero me sentí ingrata. No es justo para él, pensé. Ni para el príncipe medieval. Además, mi amiga podría confundirse y pensar que la vida lo ha tratado muy mal.

¿Y si le mando otro mensaje?, pensé.
¡Que se vaya al cuerno! Resolví.

Todavía me queda un personaje estrella en este cuento.
De esos personajes que aparecen fugazmente en una historia. Que parece que carecen de relevancia por la poca participación que han tenido en la historia central. Y de repente, ¡pum! Te resuelven el nudo de la historia y se convierten en los héroes del cuento. Con todo y paquete; con todo y mensajero (o sin él) montado en su jeep naranja; el cuento no se haría realidad sin su ayuda.

Apareció aquel 20 de septiembre en que se entregaba el rompecabezas a la puerta del castillo de mi príncipe azul blanco isabelino [decía una maestra en Letras, contando sobre historia, que la Reina Isabel La Católica, era tan sucia, que el vestido blanco que usaba se hizo gris de mugre; así, se dio origen al color blanco isabelino] [en adelante, mi expríncipe, será llamado príncipe blanco isabelino (qué azul, ni qué chingados), por mugroso. ¡Jum! Atte. La ardilla].

Mientras mi amiga entregaba el regalo, Ella, observaba sonriente la acción (y mi locura). Bueno, en realidad no observaba; considerando que me estacioné más o menos en la colonia vecina (por aquello de poner distancia para que el cabrón príncipe blancoisabelino no me cachara).

Ella, me acompañaba en el carro. Chiquita, pero picosa: La Ponch.
En cuanto supe qué y cómo. Oh, oh. ¡¡¿dónde?!! No sabía la dirección de mi amiga.

Una vez, como queriendo confirmar el dato, le dije a mi amiga que
día pasaba a visitarla, que no recordaba bien dónde vivía; pero que mi recicladonovio sí  por una vez que le dimos un aventón. Pero mi amiga, corrigió. Ya no vivo ahí, me cambié de casa.

Shinnnnnnn. Se me complicaba la historia. Y entonces: PonchLasalvadora.
Tatán.

Le escribí contándole la intención. ¿Sabes dónde vive?, le pregunté. Sé cómo llegar; pero no la dirección exacta.

Fiu. Fiu. Fiu. Fio. [Me dio la garrotera, como al Chavo del 8]. Por un momento me desinflé.
Y luego, La Ponch me desengarrota, devolviéndome todo el helio del mundo a este enorme globo volador: ¡pero la puedo conseguir!

:D :D :D

Pasaron los días. Y uno de esos, recibo un mensaje de La Ponch con los datos.

:D :D :D

Hoy, carente de mensajero [y de paciencia para esperarlo], me dije: chinguesú; lo entrego yo. Igual y me encuentro algún vecino que me haga el favor (digo, para conservar el misterio).
Y llegó la hora de la comida. Y allá voy. Como cuando quise averiguar el número de la casa del príncipe blancoisabelino, para enviarle un telegrama a domicilio: hice zanja, tanta vuelta porque no encontraba el número y era incapaz de estacionarme afuera para visualizarlo claramente.

Resulta, que la numeración de la calle donde vive mi amiga, es rara. Una serie por una acera y otra distinta por la otra. :s

Casi desesperada, recurro a La Ponch:

Yo: Ponch, la numeración está bien rara; a penas voy a entregar mi paquete. [Y empieza el juego: Adivina quién, versión: Adivina Dónde]. ¿La casa tiene un perro blanco? Jajajajaja. Quise aventar el paquete, pero si es el domicilo correcto; el perro se lo va a comer. Jajaja.

PonchLaSalvadora: Jajaja. ¡Ay! No sé si tenga perros. No he ido a visitarla últimamente. Es como a media cuadra de la esquina. Y tiene cancel negro. A menos que lo hayan pintado... y hasta donde recuerdo.

Yo, madame Zazú:  Ponch, ¿la casa es de dos pisos?... ¿su marido trabaja con una mujer rubia?... [Sí. Sí], ten cuidado porque te lo está sonsacando.

Ponch: ¡Ay! Creo que sí. ¡aNsorry!, pero no recuerdo bien. Sólo he ido una vez a esa casa, se cambió de donde vivía.

Yo: Ay, bueno... mejor toco.

Ponch: Bueno, me la saludas si la ves. Jaja.

Y temblé. Yo creo que tuve una regresión. Pos qué iba a tocar a la puerta del castillo del príncipe blanco isabelino.

Pregunté a dos vecinos que pasaban si ahí vivía una muchacha que se llamaba Pris. No, respondieron con cara de pocos amigos.

¡Madres!, creo que estoy en la dirección equivocada.
:'( Y en realidad, no era mi intención confirmar si vivía ahí, sino encontrar un mensajero express que entregara el paquete.

Pensé en una escapatoria. El perro no estaba a la vista.
 Y si aviento el paquete a una maceta y luego le mando un mensaje a Priss, para que descubra el tesoro enterrado. ¿Y si no vive ahí?

Ñañañañañaña.
Ahora o nunca.

Ding- Dong. Timbré.
En primer lugar, salíó el perro a ladrarme la intrusión.
Después una señora.
Yo, manojo de nervios a punto del desmayo: buenas tardes, disculpe ¿aquí vive Priss?
La señora duda: ¿De parte de quién?
Yo, aliviada de que fuera la dirección correcta: mire, soy una amiga del trabajo. 

O eso creo que dije, la verdad es que en cuanto terminé de hablar, no supe lo que dije.
La señora me hizo una seña para esperar, e intentó regresar al interior de la casa.
Interrumpí: No, no, no. Por favor, sólo entregue mi regalo.
La señora, amablemente lo recibe: disculpa, es que está dormida. [¡Bingo!, es la Priss correcta. La Bella durmiente, le dicen.] ¿De parte de quién?
Respondo: tiene un mensajito dentro, ella va a saber quién soy [parecido a lo que ella dijo al príncipe blanco isabelino cuando entregó el rompecabezas]. [El mensaje: revisa www.cronicasdelolvido.com, el cuento Discobola]. ¿Usted es su mamá? Sí, responde. Muchas gracias, finalizo. Y luego corro y me subo al carro y arranco. Jajaja.

Y aviso a La Ponch:
Yo: Ponch, ya entregué el paquete. Sí era la casa :D, pero no la vi. Estaba dormida :)
Ponch: Ah, entonces la casa sí tiene cancel negro, perro blanco y es de dos pisos. Jajajajajaja.

Y para finalizar la historia, con una chispa de ardilla, me ocupo de informar al príncipe valiente. Y resulta que de valiente tiene poco.

Capítulo 6: la ardilla [voladora, y nunca corredora]

Yo: Príncipe medieval [se lo dije] [ajajajaja] [antes diga que no le dije príncipe mugroso que no entrega mensajes]. Ya entregué mi paquete, tenía pendiente de que no pudieras dormir. Jajaja. Quería que me ayudaras en el cuento que me inventé; aunque tal vez no en la manera en que creo que te imaginas. En fin, suerte que no eres el único príncipe valiente al que mi amiga entregó un paquete. Príncipes mensajeros, sobran. ¡Jum! Jajajajaja.

Príncipe veloz: [no que no respondías, pistolita] [jajaja] [algo así] [la idea es esa] Achis. ¿Qué te pasa? ¿Qué el tiempo no es tu aliado? 

La risueña de mí: Jajaja. Lo siento, fue la ardilla que llevo dentro la que habló por mí.
Príncipe revelador y miedoso [recién descubro]: Quién, cómo, cuándo y dónde. Quiero saber. Y por cierto... ¿sabías tú que hace varios años alguien me habló para amenazarme de muerte?

Por un momento pensé en que no había querido arriesgarse a entregar un paquete en estos tiempos de paranoia, drogas, terrorismo y esa clase de historias de vaqueros actuales. Pero de lo que en realidad me enteré, me dejó la sangre helada. Y sentí pena. De ese dolor desgarrador.

Yo: Princeso, creo que me faltó paciencia para esperarte; pero estoy muy contenta de haber entregado el paquete. Mi amiga acaba de responderme, le gustó. Y con lo de la amenaza, ¿estás hablando en serio?

Príncipe miedoso: Sí, Güen. Por la amistad... y ese alguien forma parte de tu vida.
Yo [con la quijada hasta el suelo]: ¿me estás diciendo que alguien que forma parte de mi vida, te amenazó de muerte para que te alejaras de mí?... de "mi amistad".
Príncipe miedoso: Sí, Güen. Mal pex. Yo he tratado de dejar las malas amistades; pero bueno...
Yo, indignada lo que le sigue: ¿Como yo? Jajajajajajajajajajajaja. Honestamente, creo que te equivocas. Hasta donde yo sé, no me relaciono con matones. Nunca en mi vida desearía que pasaras siquiera un segundo de mal rato; y me duele saber que tal vez te lo hicieron pasar para que te alejaras de mí. Estaba pensando en algún novio. Jajajajajajajajajajajajajajajajajajajaja [río con ganas, al darme cuenta]. Pero, ahora que lo pienso más; mi madre sería capaz de ir a ponerte unas cachetadas a domicilio como me viera sufriendo por ti (o por cualquiera). Pero la verdad, creo que no sería capaz de amenazarte. Dices que fue hace mucho; y yo te digo que recuerdes a las personas y a las novias de las que te rodeabas en ese entonces. A mí tenías que dejarme a las 10 de la noche en la casa... bonita matona decente que soy. Así de buchonas  terroristas mis amistades y yo. Jajajaja. Tal vez, la amenaza no la recibiste de alguien de mi parte; sino de una de tus tantas admiradoras [y casi se me sale rematar con un: ¡cabrón!].

Príncipe minimizador: Güen, olvídalo; eso fue hace muchos años. Me agrada que hayas tomado la iniciativa. Creo que hiciste lo correcto. Tu amiga apreciará saber que te tomaste un poco de tiempo y le entregaste el detalle. Yo sólo haría de mensajero, sin efecto alguno en la historia. Jejeje. Bonita tarde, Güen.

Quise decir tantas cosas. Pero qué caso tendría a estas alturas. Así que resumí, tanto como pude.

Yo: eBa...
Ningúnpinchepríncipevaliente: mande...
Yo: [casi lágrima temblando en el ojo de Remi, que para entonces se me hizo] Jajajaja [risa de ahogada] [de recuperar un poco la dignidad, después de que te arrolla un carrito de Hot dog en la infancia] [pero ésa es otra historia]. Eres muy chistoso. Nunca me he creído parte importante en tu vida [así como para qe alguien te amenazara de muerte, para quitarte de mi camino] [pensé]. Y así de lejos como estás [o como dices, quisieron mantenerte] [pensé]; a mí, me has hecho mucho bien. Con tus palabras; con tus filosofadas; con los cuentos y las historias que me he inventado... y hasta con tus medias tintas [quise decir, con tu cobardía] [y con la desilusión que siento]. En fin... ¿Bonita tarde, dices? No, bonita tarde no. ¡Bonita vida! Bonito todo... la tarde, la vida... y yo. Todo, menos tú [pinche NO príncipe NO valiente SÍ blancoisabelino SÍ cobarde y abandonador]. Atte. La ardilla. Jajaja. Y... ¡cambio, y fuera! [Fue mi despedida] [Definitiva].
Pinche NO príncipe NO valiente SÍ blancoisabelino SÍ cobarde y abandonador, respondió: No, Güen, Tú, ¡Chulada!

Jaja.
Y así, terminó el cuento de la esfera discobola.
Y ahora, mi amiga me manda una foto. Posa. 

Priss: Mil gracias, Wen. Me hiciste llorar y reír mucho. Me encantó la sorpresa, sólo tú podías hacer  esto. Dice mi hermana que parezco Dora la exploradora. La carrilla a todo lo que da. Otros dicen que parezco Blancanieves.
Priss, posando con la discobola y la melena que adquirió.


Y luego, me envía otras fotos. De pelo suelto [como la niña del chiste]. De soy libre, como el viento que ahora acaricia mi cabeza desnuda. De sonrisa que ilumina el peor de los calvarios [y no hablo de la cabeza, sino del duro camino que recorre].

Priss, al natural: con toda la felicidad al aire.

Y continúa:

Priss: El asunto, es que ya estoy como el chiste: mejor greñuda. :D Ayer, la verdad me sentí muy mal todo el día. Muy débil y decaída. Hoy me levantaste mucho el ánimo. Muchas gracias :D

...
Y al final, supongo que el efecto de la sonrisa con que adorna el detalle que recibió; la discobola, no me pareció tan grande y tan fea; al contrario, me pareció la más hermosa del mundo entero, porque cumplió su función: la hizo sonreír y atrapar un momento de bienestar.

Nota precautoria, Priss: Dicen mis amigas del trabajo, que tengas cuidado cuando te emociones y toques tu pecho. Haz un simulacro suave. Di: ¡Oh! y lleva la palma de tu mano al corazón. ¡Cuidado!, si lo haces con fuerza, puede ser peligroso... capaz que truenas la discobola y te cortas. :) Abusada. Jajaja.

Dedicatoria:
Y por último, escuchen esta canción: Héroes. 
Para ti y para La Ponch. 
Bueno, y también para el príncipe ingrato que salpimentó esta historia. Y eso que no participó como me hubiera gustado. Jajaja. Además, David Bowie es como de sus tiempos.





Capítulo final: 
¡Pa'lante, Prissssssssss!

Comentarios

Lo que no olvidan...