La Barca de los recuerdos difusos

  • 1/28/2026 11:11:00 a. m.
  • By Wen Rizo ❤️
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Hace casi un año, el nombre de La Barca surgió en una plática casual y me devolvió de inmediato a mi infancia. Fue la época en la que Liliana y yo éramos inseparables. Me encantaba ir y venir de su casa a la mía por las azoteas, como en una especie de 'Club de Lulú' privado, cómplices de un universo que solo existía en las alturas. Creíamos que la vida se detendría si no estábamos las dos para darle permiso de seguir...

En aquellas pláticas y sueños de La Barca y otros tantos queestánenelbaúldelosolvidos, entre promesas que se sentían eternas, pregunté: “Si un día vamos a La Barca, ¿me ayudarías a buscarla?”. La respuesta fue un "sí" rotundo, envuelto en el optimismo ciego de esos días. Pero la vida, con su inercia propia, se encargó de archivar el viaje. Antes de que hubiera una fecha real, decidí rastrearla en el mundo digital. Encontré varias cuentas a su nombre. “A esta mujer la busca Coppel o simplemente es una experta en olvidar contraseñas”, pensé con una sonrisa. No sabía que el olvido ya estaba empezando a tejer su propia red.

El viaje a La Barca nunca sucedió. Los sueños de entonces cambiaron de forma o se deshicieron, como suele pasar. Mis mensajes en redes nunca obtuvieron respuesta. El silencio era absoluto.

Ahora tengo mi respuesta.

El hallazgo es desgarrador: Liliana está en un asilo. Un equipo de profesionales intenta poner parches a un naufragio llamado Alzheimer avanzado. ¿Cómo es posible? A veces siento que camino por una pesadilla de la que no puedo despertar. Éramos tan amigas... hasta que una estupidez, un malentendido que hoy me parece un rastro de polvo, nos separó. Ninguna cedió. El orgullo fue el muro que dejamos crecer hasta que nos perdimos de vista. Luego vino la vida adulta, las mudanzas y las noticias a cuentagotas: supe por terceros que su madre murió de lo mismo, y su padre apenas un año después.

Todavía no sé si puedo visitarla. ¿Es prudente? ¿Mi presencia será una caricia o una angustia que no sabrá nombrar? ¿Será que verla así desatará mi propia locura?

Si es verdad que las almas tienen un lenguaje que no necesita de la sinapsis ni de la memoria, espero que la mía llegue a la suya. Solo quiero decirle que la extraño, que los momentos más felices de mi adolescencia llevan su firma y que deseo, de todo corazón, que en ese laberinto incomprensible donde ahora habita, logre encontrar destellos de luz y de paz.

Te mando un abrazo gigante, Liliana. Donde quiera que estés, sigues siendo mi mejor amiga.

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