La última vez que tuve el corazón hecho mierda, la vida me cruzó con un antiguo amiguito. Con las ganas que tenía de gritar el desgarro, y sabiendo que él y la nube desgarradora eran de la misma época, se me ocurrió contarle del tremendo chingadazo que me di al caer de esa nube en la que pretendía andar.
Me dio ánimos, sí, pero echándose flores a sí mismo. Tan pendeja andaba —o soy— que de entrada no me di cuenta de esto último. O quizá sí, pero como ni fu ni fa, lo dejé pasar.
Ya me lo decía Mitzuco cuando le contaba: «cuida tu amor». No entendía a qué se refería. Hasta ahora. Quería decir que la ilusión que yo estaba viviendo la entenderían muy pocas personas, o quizá ninguna. El contexto, lo significativo que era para mí y, sobre todo, lo que yo era capaz de dar por consolidar esa ilusión. Ni la misma nube lo sabía. Ni lo entendía. Ni importa ya.
En fin, en su momento, las palabras de este chavo fueron alentadoras hasta cierto punto. Fue como darme una palmadita de «apoyo» y a seguirle. Pero de pronto me sorprendía contándome cosas de su trabajo, de lo cara que es la vida en el más allá, de las ganas de su esposa por tener otro chamaco: «Se lo voy a dar para que ya no esté chingando». Esas expresiones me llevaron al pasado; tenían el mismito tono de las que soltaba sobre su novia eterna de aquel entonces. Patán.
Creo que intentaba generar un vínculo. Jugar a ser otra nube. Un día me soltó de la nada: —Bueno, Wendo, ¿te vas a enamorar de mí? —¿Qué? ¿De qué me hablas? —Tú lo que necesitas es un verdadero hombre. Uno que por lo menos tenga un hijo y que sepa de lo que va la vida. No putos que huyen a la primera. —Órale. No. No creo que me vaya a enamorar de ti nunca —le contesté en seco—. Además, qué andas buscando tú con una esposa a punto de parir.
Me sentí asqueada.
La verdad, no recuerdo qué contestó. Por suerte, tengo la habilidad de seleccionar la mierda que quiero conservar y desechar la que no.
Hace unas semanas llegaron nuevos mensajes: «Fui a Guadalajara a bautizar al morro y no te avisé. ¿Hubieras querido verme si te hablaba?». No respondí.
En estos días, un nuevo mensaje: «Wendo, o sea que si no te busco, ¿tú tampoco me buscas?». No respondí.
Un último mensaje: «Por lo menos yo tengo educación y respondo cuando me saludan…». Y no recuerdo qué otras mierdas más.
Espero que toda mi «maleducación» le quede clara esta vez. Lo eliminé y bloquée de todas mis redes.
Una mierda menos en mi camino. ¡Jium!
