Dicen que cuando uno quiere algo, el universo conspira a su favor. A mí se me ha cumplido tantas veces que he aprendido a temerle a mis propios deseos; porque se cumplen, y vaya que se cumplen.
Dicen también que nadie aprende en cabeza ajena, pero a veces la vida te pone un espejo frente a los ojos y no queda más que mirar. Esa fue mi señal para hacer un inventario emocional: mirar atrás, palomear y tachar. Esto sí. Esto no. Esto se queda porque suma; esto se va porque pesa. Limpieza general, de esa que sacude el polvo hasta de los rincones del alma.
El detonante fue una nota que leí. Me dio escalofríos ver a alguien atreverse a dar un "primer paso" a sus nosecuántosysafos años. ¡A estas alturas! Sentí miedo, sí, pero sobre todo un sacudidón eléctrico: la vida no se va, se escurre. Así que este año mi regalo de cumpleaños no vendrá en una caja. Me voy a dar el lujo más caro que existe: me voy a dar permiso de vivir.
:)
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