Anoche hicimos una ruta extraordinaria. Me gustó muchísimo.
Bajamos por calles que yo llevaba mucho tiempo viendo con desconfianza. Pensaba: estas bajadas no se pueden hacer sin partirse la m. Pendientes absurdas. Alcantarillas abiertas como trampas. Curvas que parecían burlarse de mí.
Y pasamos.
Sin drama.
Sin caída.
Sin sangre.
Mientras bajaba sentí algo nuevo: control. No perfecto, pero suficiente. Tal vez ya no soy tan principiante. Tal vez sí he avanzado. Lo noto en mis piernas, en mi equilibrio, en la calma que tal vez hace un año no existía.
Y lo noto en algo todavía más raro: la gente ya me ubica. Me saluda. Me reconoce. Qué curioso que otros te identifiquen cuando una va por la vida medio distraída, pensando que nadie te está mirando.
Cerramos la ruta comiendo alitas. Las mesas eran diminutas, así que nos dividimos en grupos improvisados.
En mi mesa estaba mi amiguita adolescente de 17, mi pajarito eléctrico e hiperactivo. Un sol. Una bengala. A veces —muchas— demasiada luz para los días en que solo quiero sombra, demasiada chispa desbordada para la paz que mi alma necesita. Y tambien, en la mesa un amiguito que podría pasar por el hermano gemelo de mi primo favorito. Mismo rostro, mismo nombre. El universo, cuando quiere, recicla personajes sin pudor; parece que ni se esfuerza para hacer notar las coincidencias, como si se burlara.
La conversación empezó ligera, hasta que nuestro amiguito nos miró y dijo:
—Ustedes dos son una especie rara. Un fallo en la Matrix.
—Ella tiene 17. Eso no es normal. Todos somos más o menos de la misma camada… eso es lo normal.
—¿Y tú cuántos años tienes? —pregunté.
—Veintinueve —dijo, tímido.
Me reí más fuerte.
Supuse que lo raro en mí también era la edad. No es común que una señora de casi 50 ande de chirota con una niña de 17 y otra de 35, mezclándose sin pedir permiso en todas las edades.
Pero entonces mi amiguito frenó mi pensamiento en seco:
—En tu caso es distinto. Tú eres rara porque no tienes el corazón roto. Eres feliz con tu novio… y aquí, en este mundo, se ve puro infeliz. Divorciados, dejados, infieles. Puro cochinero.
Jajaja. Si supiera, pensé.
—¿Y tú en qué categoría entras? —le dije—. ¿Divorciado, dejado, infiel?
—En todas —respondió—. Dejado, divorciado… y ahora haciendo mis dagas en soltería. Casi de infiel.
—¿Quéeeee? Cuéntame.
Y ahí lo vi. Corazón roto. Ganas de hablar. De vaciar algo.
Pero mi pajarito eléctrico, que no conoce el botón de pausa, irrumpió:
—Yo por eso no creo en el amor. Todos son putos. Mi papá es puto. Mi abuelo es puto. Todos son unos putos.
Reímos. Porque a los 17 la tragedia siempre se grita con carcajada... y porque a los 17, habla la voz de la experiencia.
Intenté volver a mi amiguito.
—¿Cómo pasó?
—Me fue infiel —dijo—. Yo la tenía en un pedestal.
Pajarito interrumpió otra vez. La conversación se desvió. Lo dejé por la paz. Hay historias que merecen otra noche... y tal vez una mesa más silenciosa.
Luego ella quiso ser más graciosa.
—Ahora cuenta tú tu historia, Wen —dijo con sonrisa pícara, como si estuviera empujándome al centro del escenario.
Abrí los ojos como plato. Casi herida. Las cosas que les he contado han sido en confianza. No quiero que mi vida ande "rollando" por ahí.
Mi amiguito rio soprendido.
—¿Cómo? ¿Tienes historia?
Reí también. Todos tenemos historia. Por fortuna, pajarito volvió a hablar de sí misma y de su experiencia de vida.
Después nos reunimos todos. Descubrí personalidades increíbles. Gente bonita. Me sentí feliz.
La conversación se volvió todavía más divertida: fetiches sexuales. Resulta que tengo tarea. No sé si tengo uno. Tendré que investigarlo.
—Lo tuyo son los pelones —sentenció pajarito.
—Para nada —reí.
—Lo tuyo son los pelones y con novia —añadió.
No más pelones en mi vida, pensé, apenas tocada por una herida vieja.
Y entonces recordé algo que hacía desde niña. Cuando iba a un cine abarrotado, a un concierto, al centro de la ciudad, me gustaba observar a la gente y pensar:
¿Cómo es que cada persona es independiente, pero en este momento todos estamos formando parte de una macrohistoria y a la vez, siendo parte de cada historia individual?
0 Comments