En días pasados recibí un mensaje. Apareció la foto de perfil y me asusté. Lo primero que pensé fue que había marcado por error al personaje de mis peores pesadillas y que respondía con su habitual: jajajá.
Pero la imagen era distinta; era un fantasma antiguo. Mucho más antiguo en mi vida. Y entonces, fue como mirar atrás: en la ilusión, en el rompimiento, en el fondo que toqué y en lo que ahora significa.
Creo que en algún punto la historia fue tan dolorosa que mi cerebro la bloqueó. Fui a buscar algún escrito viejo y encontré la facilidad con la que desnudaba mi alma y me hacía vibrar. Después, dolor y silencio. Y ahora, ahí donde de vez en cuando intenta emanar algún chispazo, me encuentro como en otra dimensión, muy lejos. Es curioso haber sentido tanto y hoy: nada. Nada cerca de esa energía atractiva-amorosa, me refiero. Después de todo, puedo mirarlo como a un "amigo" y hasta aceptar sus tips de belleza.
Decía:
—Quise robarme tu foto de perfil y el WhatsApp no me deja. Te ves súper bonita con esos chinos. —¿Por qué? —le pregunté. —Para ver si te embrujo... —me respondió. —No, hijo, el hechizo se rompió hace siglos... Además, mis chinos están por desaparecer. —¡Nooooo, por qué! —preguntó.
Entonces le conté el nuevo percance: me pinté el pelo, me puse a hacer mil cosas, se me pasó tanto el tiempo que hasta el pelo con el tinte puesto se me secó. Para cuando quise enjuagarlo, caían puños y puños de pelo trozado.
—Pronto entraré en tu club —me reí—. Por andar de habladora tirando hate a pelones. —¡Nooooo! —me dijo—. No te lo cortes, te ves hermosa... te voy a dar mi secreto.
Después volví con el resultado.
—Olvidaste decirme que usara guantes. Tengo las manos negras —le dije. Se rió: —Ah, cabrón, ¿pintaste tu cuarto o te pintaste el pelo? —se burló.
Luego se lo conté a mi mamá entre risas. Me miró incrédula: —¡Qué cabrón!, pero si está pelón. —Sí, pero la barba y el bigote lo mantiene de "santoviejorenovado" —le contesté. Y reímos.
Mi mamá conoce la historia y siente mi paz: —Ya no hay nada, ma —le dije—. Somos "tan amigas" que hasta compartimos tips de belleza. Y volvimos a reír.
Pienso en la energía que hay ahora entre ese antiguo fantasma y yo. Tuvieron que pasar siglos para limpiar esa densidad oscura. Supongo que la vida siempre se encarga de poner a cada quien en su sitio.
Yo sigo mi camino, con el pelo sanando y la certeza absoluta de que ciertas ausencias han sido mi mejor ganancia.