Pelón

  • 10/31/2026 11:11:00 a. m.
  • By Wen Rizo ❤️
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Hace unas semanas me animé a salir a una rodada intermedia. Muy valiente yo, después de tanto tiempo... aunque la valentía me duró exactamente cinco minutos.

​Bajamos por mi avenida favorita y llegué al final temblando. Había ciertos factores alterando mis nervios: primero, olvidé las rodilleras (un error de novata); segundo, había demasiada gente bajando, frenando en seco o de plano cayéndose a mi alrededor; y tercero, esas extrañas "visitas de otras dimensiones" que a veces se cruzan en el camino.

​Lo logré, pero me temblaban las piernas al subir la cuesta... y apenas estábamos iniciando la ruta.

​Me quedé rezagada al final para ajustarme los patines. Fue entonces cuando se acercó el protagonista de esta historia a preguntarme si estaba bien.

​Qué curiosa es la vida. La primera vez que lo noté fue en un festival. Su rostro me pareció conocido, pero no lo saludé. De hecho, lo olvidé por completo, con la mente nublada después de que Ruko me saludara con beso y abrazo. ¡Jesús del muerto! Un sueño.

​Tiempo después, en una fiesta de patinetos, me lo volví a topar. Le comenté que creía haberlo visto en aquel festival y nos quedamos platicando un buen rato. Casi no coincido con él porque visito su club muy de vez en cuando.

​Volviendo a la rodada de aquel día, se me quedó viendo y sentenció: «No te veo segura». Yo, en mi papel de invencible, le respondí: «Estoy bien, solo me ajustaba los patines». Arrancamos y en dos zancadas ya estaba yo en el suelo.

​Qué vergüenza. «Me quedo contigo», me ofreció. Le aseguré que para nada, que estaba perfectamente bien, así que siguió su camino. Logré regresar con muchísima dificultad al punto de partida, con las piernas temblando como nunca antes en la vida.

​Llegué a mi casa un poco bajoneada. Dejé que el agua tibia de la regadera se llevara toda la frustración y me fui a dormir.

​Y entonces... ¡Dios mío, qué sueño! No suelo recordar lo que sueño, pero este se me quedó grabado con lujo de detalle. Casi quisiera olvidarlo. Un sueño que, francamente, me llevó al cielo.

​¡Madres! No volveré a ver al pelón con los mismos ojos.

​La semana pasada me lo crucé de nuevo en la ruta y me saludó muy sonriente. 

Casi lo sentí cómplice. 

Sentí que me sonrojé.

​Ay, si él supiera... jajaja.

​Ojalá pudiéramos elegir a los protagonistas de nuestros sueños. Definitivamente, los calvos no estarían en mi lista.

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